Todo es machismo

Hace años que leí este chiste:

Una mujer, aburrida del dia de pesca con su marido, coge la barca mientra él duerme la siesta para leer tranquila. Entonces se acerca un guarda en otra barca y le dice:

  • Señora, le voy a tener que poner una multa por pescar en este lago, en el que está prohibido en esta época del año
  • ¡Pero si no estoy pescando! Sólo estoy leyendo. Ni siquiera sé pescar.
  • Ya, bueno, pues tiene en la barca todo el equipamiento necesario para pescar, así que me parece que le voy a poner la multa de todas formas.
  • Pues entonces le voy a denunciar por violarme.
  • ¿Cómo? ¡Pero si ni la he tocado a usted!
  • Ya, pero tiene usted todo el equipamiento necesario para violarme, así que creo que le denunciaré de todas formas.

Creo que me llegó por carta electrónica, acompañado de una “moraleja”: nunca te fíes de una mujer que lee. El chiste es bueno; la moraleja, no.

Esto viene a cuento de que esta situación, que era un chiste, casi se ha convertido en una línea de argumentario real en manos de una serie de feministas fanáticas que se han llevado el concepto de feminismo a donde yo no las pienso seguir. Seguir leyendo

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Herederos de la náusea

Hijos de la rabia y la resignación
Nietos de la náusea y la derrota
Robados por la cruz y la victoria,
huérfanos de redención.
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Votar cosas raras

Una genialidad más de Manel Fontdevilla:
Viñeta de Manel Fontdevilla
(Pincha en la imagen para ir a eldiario.es)

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Correo redirigido

Cualquiera que se haya mudado sabe lo que supone cambiar la dirección postal en todos los sitios donde puede estar registrada y comunicárselo a todos los familiares y amigos. Lo más retorcido es tener que comunicárselo a las distintas agencias y organismos públicos, ya que deberían compartir esos datos: Hacienda, Tráfico, Sanidad, etc.

Además, gracias al alcalde de Valladolid, a los ediles Populares de Toledo y a otros mal disimulados fascistas con opinión pública, sabemos lo costoso que es cambiar los nombres de las calles, con lo que eso supone de cambio de dirección para numerosos particulares y empresas.

Para solucionar algunos de estos problemas y aliviar, ya que no resolver, algunos otros, me pregunto si no va siendo hora de que Correos nos ofrezca la facilidad de tener un código asignado a cada ciudadan@ que funcione como una redirección de correo permanente (y gratuita); algo así como un apartado de correos virtual.
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Patriotas

Hace cosa de mes y pico, en un evento de esos en que los partidos políticos practican el onanismo, Mª Dolores de Finiquito en Diferido dijo que el PP es “un partido que ama a España”. Hay amores que matan. Además añadió que es el único partido que lo hace. Lo que no dice, y yo supongo, es que se refiere a la España de Carlos IyV, o a la de Isabel y Fernando, o a la de Torquemada, aunque ahora tenemos a Rouco Varela, que para el caso…

En otra de esas orgías (multitudinarias y con ropa), Carlos Floriano dijo que el PP es un partido “con alma y corazón”. Todo un clásico. Tan sólo estas cosas pueden darnos: alma, corazón y (derecho a la) vida.

Se sabe que el dinero no tiene patria, y los neo-liberales no tienen más dios que el dinero. Entonces, ¿cómo hacen “nuestros patriotas” para amar a España y guardar el botín del expolio en Suiza? Con muy poca vergüenza y menos moral, claro. Al fin y al cabo, la moral es necesaria para ser un buen cristiano, pero para ser católico no hace ninguna falta.

Entonces, ¿qué se esconde tras el tópico del patriotismo? ¿Cómo se ama a España, o a cualquier otro país? ¿Deleitándose con la extensión de su territorio y el trazo de sus fronteras sobre el mapa, como en una partida de Risk? ¿O preocupándose por el bienestar de la gente que vive dentro de esas fronteras? ¿Como a un marido viejo y rico, o como a una verdadera familia?

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La revolución fácil

La [r]evolución que necesitamos en España (y me quedo cortísimo) en estos momentos se puede hacer ¿fácilmente? en tres cómodos plazos:

  1. recuperación del poder legislativo
  2. reforma del poder ejecutivo
  3. proceso constituyente, con un verdadero cambio de estado y de prioridades

Es más: se puede reducir a dos, incluyendo el punto 2º en el 3º.

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Votar en tiempos revueltos

Antes y después de escribir un artículo sobre las bondades y posibilidades de la democracia directa digital (que me gusta llamar DDD o D3; y eso haré, por abreviar) he discutido reiteradamente sobre algunas dudas acerca de cómo funcionaría esta idea, así que intento aquí comentarlas y, a ser posible, explicarme.

Por eso, este artículo iba a llamarse “Preguntas frecuentes sobre DDD”, pero no he podido aguantarme de hacer la bromita.

1. ¿Es sensato poner a todo el mundo a votarlo todo?

No, creo que no sería sensato. Pero es que tampoco es esa la idea.

Para empezar, hay que ser conscientes de que hay decisiones de carácter técnico y otras de carácter político. Si los políticos hiciesen bien su trabajo, sólo tomarían decisiones políticas basadas en:

  1. la tendencia política que se supone que deben seguir (puesto que se supone que por eso los han votado sus votantes).
  2. los informes y consejos de técnicos y expertos en la materia a tratar.

Así pues, conviene distinguir qué decisiones son políticas y cuáles son técnicas. Claro que no siempre es fácil distinguir si estamos en el terreno de lo técnico o de lo político; de hecho, hay una amplia zona común. Pero es que ese problema no lo introduce la DDD porque ya lo tienen, y siempre lo han tenido, los políticos en el sistema actual.

De hecho, el problema lo tenemos más bien los electores, puesto que padecemos la excesiva y descarada injerencia de los políticos en cuestiones que deberían ser meramente técnicas: ¿quién no ha oído que las cajas de ahorros estaban excesivamente politizadas? O, ¿quién decidió que el Prestige fuese alejado de la costa, en lugar de ser acercado, como aconsejaban los expertos? Los ejemplos son tantos que me pueden dar las uvas enumerándolos.

En el extremo contrario, supuestamente, está la tecnocracia, que es cuando los técnicos (en economía, siempre en economía) toman decisiones políticas. Y digo supuestamente porque, en la práctica y en la actualidad, la tecnocracia es la implementación de una ideología, una de esas que es tan vergonzante que hay que ocultarla tras una pantalla de excusas y teorías fraudulentas1.

Pero me estoy apartando del tema…

Hay distintas formas de plantear la democracia directa universal:

  • determinar por DDD la tendencia preferida y luego dejar que los expertos elaboren un plan, o definan las medidas, siguiendo la dirección política determinada por esa tendencia.
  • plantear con más o menos detalle una serie de alternativas comprensibles (elaboradas por técnicos) y someterlas a votación pública.
  • aceptar enmiendas de la ciudadanía: como se hace actualmente entre los grupos parlamentarios, pero dejando que los ciudadanos planteen reformas y enmiendas, y seleccionando las más votadas (ya existen sistemas parecidos). Seguramente es el mejor método (y el más laborioso para el congresista / diputado / funcionario que ocupa el escaño abierto a la votación virtual).

Elegir una u otra puede depender de factores tales como el tema a debatir o el nivel de penetración de la DDD en la cámara parlamentaria en cuestión.

2. Votar por Internet no está al alcance de todos

Es parcialmente cierto, lo que hace al sistema parcialmente injusto, pero también es un problema transitorio.

En cuanto al alcance geográfico, he estado en pueblos muy pequeños, más bien aldeas, donde llegaba Internet, aunque sólo fuese a un centro social, biblioteca u oficina gubernamental, al menos en dos provincias. Si hay lugares donde no es así, cabe esperar que mejore la situación, si hacemos algo por mejorar (que es de lo que se trata esta propuesta; pero no nos precipitemos).

También está el problema de la edad a la hora de acceder a los mecanismos digitales. Y la necesidad de poseer un certificado digital (como el contenido en el chip del DNI electrónico). Y, probablemente, alguno más que ahora no se me ocurre.

Es importante recordar que las votaciones directas digitales no sustituyen (de momento, o en un previsible futuro) a las elecciones normales de “representantes”, así que la introducción de la DDD no supone una pérdida para quienes de momento no puedan acceder a sus mecanismos, puesto que para ellos no hay cambio alguno; así que supone una ganancia neta de democracia que, espero, irá aumentando y alcanzando a cada vez más gente.

Es decir: aunque sólo hubiese 1000 personas capaces de acceder a la DDD ya serían 1000 más que antes, mientras las demás no han perdido ninguno de sus derechos o representatividad.

Por supuesto, el objetivo es que todos los ciudadanos puedan votar, pero la entrada de la DDD en nuestro sistema es un proceso progresivo, no una ruptura brusca. De hecho, ese proceso ya ha comenzado: el diputado Joan Baldoví, de Equo – Compromís, ya ha abierto su escaño en el Congreso de los Diputados a la votación digital: en la web Congreso Transparente se pueden ver, por ahora, los planteamientos y los resultados de la votación de la reforma energética de 2013.

Este es otro detalle importante: el impacto de la DDD en el resultado de las votaciones en el congreso (o la cámara que sea) depende de cuántos representantes decidan abrir su escaño a la votación ciudadana. En el congreso nacional sólo hay uno, de momento, así que su representatividad es anecdótica, pero es un precedente importantísimo.

3. Abstención: ¿qué pasa si la gente pasa?

La abstención no tiene más impacto en este sistema que el poder desmoralizar a los representantes que lo estén implementando en la cámara en cuestión. Aquí no hay circunscripciones ni ninguna de esas complejidades y barbaridades que manifiesta nuestra ley electoral: sólo hay X escaños que se repartirán entre votar sí o no a la pregunta de turno en función de lo que hayan votado digitalmente los ciudadanos que hayan decidido hacerlo, sin importar cuántos sean.

Eso en el caso de democracia directa pura (cada ciudadano tiene su voto). En el caso de la democracia líquida, al poder delegarse el voto “por defecto”2, es aún menos relevante cuánta gente se movilice para una votación en particular.

Por tanto, aunque todos los escaños del congreso estuviesen abiertos al ágora virtual y la abstención fuese altísima el sistema seguiría funcionando, de manera que esto no supone un inconveniente a la entrada progresiva de la DDD en nuestras cámaras de representantes.

En el peor de los casos, si ningún ciudadano sin escaño votase, aún tendríamos los votos de los ciudadanos con escaño (que también pueden votar con este sistema, claro), o sea, la situación actual, ni más ni menos. En el caso de la democracia líquida puede haber un grado mayor de flexibilidad, si se implementa la posibilidad de cambiar a quién se asigna el voto por defecto durante la legislatura.

Un par de ejemplos con números al azar. En ambos supongamos que hay 5 escaños abiertos al voto directo:

  • Un supuesto con muy pocos votantes, sólo 180:
    • 23 votan “sí” → 13% → 4 votos (redondeando; exactamente son 4,36)
    • 157 votan “no” → 87% → 1 voto (0,64 exactamente)
  • Ahora, supongamos que vota un buen puñado de gente, 4.357.545:
    • 2.793.342 votan “sí” → 64% → 3 escaños
    • 1.564.203 votan “no” → 36% → 2 votos

4. Internet no es un medio/espacio adecuado

4.1 La red está controlada

Hasta cierto punto, es posible. Más bien diría que está vigilada.

Para el caso que nos ocupa, la intervención consistiría en alterar los resultados de una votación, lo que es prácticamente imposible a gran escala; o bien intentar dejar el/los servidor/es fuera de funcionamiento. Pero es que nadie está libre de la posibilidad de un ataque, y aún así comerciamos y accedemos a nuestro banco por Internet, y las cosas funcionan razonablemente bien.

De todas formas creo que, si la red ya estuviese realmente controlada, dudo que hubiese campañas como ésta: Campaña de Avaaz sobre neutralidad en la red. Más bien, creo que estamos a tiempo de intentar retomar el poder legislativo para la ciudadanía y legislar para nuestros intereses reales. Por ahora tenemos quizá poco, pero aún lo suficiente para poder intentar algo mejor (desde una dictadura no creo que hubiese ninguna posibilidad de intentar llegar a esto). Pero no sé por cuánto tiempo más.

4.2 Trolling

Esto no es un foro cualquiera de Internet, donde uno puede registrarse varias veces con distintos alias y cuentas de email y entrar a insultar o hacer demagogia, por un sueldo o por carácter y crianza. Aquí, aunque el voto sea secreto, está asociado con una identidad única. Además, de momento sólo cabe la posibilidad de votar, no la de discutir (pero todo llegará).

5. Otras Ventajas de la DDD

Ya que estoy con el tema, aprovecho para apuntar algunas ventajas de este proyecto de sistema electoral, y problemas que puede paliar.

5.1 Corrupción y coerción

Puesto que las decisiones no corresponden a una o unas pocas personas, sino a una mayoría del electorado, las probabilidades de caer en la corrupción son ínfimas, y las de ejercer presión o coacción sobre tanta gente se reducen drásticamente.

Ésta es la ventaja principal, tal y como está “el patio” en estos tiempos revueltos.

5.2 Retorno del diálogo a las cámaras de representación popular

Los lugares supuestamente destinados a la exposición de ideas y su debate, tales como el congreso de los diputados, hace tiempo que no albergan ni debate ni diálogo. Los representantes, una vez logrado su escaño, no se molestan gran cosa en explicar sus decisiones ni en argumentar su oposición porque los votantes ya no deciden nada en los próximos 4 años.

Otro gallo cantaría si cada propuesta fuese votada por los ciudadanos. Entonces empezarían a tratar de convencernos de por qué se debe llevar adelante una propuesta o por qué habría que enmendarla. Quizá hasta empezasen a hablar a la cámara… de televisión, no la de representantes.

5.3 Cortoplazismo

Una de las consecuencias más interesantes de la DDD, a mi modo de ver, es que el foco de la vida política se irá desplazando de los políticos cada vez más hacia las ideas, de manera que la política recuperará su verdadero papel.

Así, los proyectos no estarían vinculados a las legislaturas, a la duración de las mismas o a la eventualidad de la reelección, ya que los bandazos que se dan con los cambios de gobiernos no pueden ser tan acusados cuando la decisión está en manos del conjunto de la población.

Más importante aún, mejoraría la situación de inseguridad jurídica actual; no es exagerado llamarla así:

  • un gobierno determina unas primas económicas para inversiones en energías renovables y el siguiente gobierno las elimina, causando un chorreo de demandas que con mucha probabilidad pagaremos los contribuyentes.
  • desde una perspectiva más micro-económica, ¿quién se atreve a gastarse “una pasta” en un sistema de calefacción sin saber cómo evolucionará el precio del combustible que utilice (gas, gasóleo, electricidad, etc.)?
  • con los años España ha ido avanzando en asuntos como el aborto, pero parece que los saltos temporales son posibles en este país (¡y eso que recortamos en I+D!), con el aliciente añadido de que es casi seguro que el próximo cambio de gobierno nos traiga otro salto temporal. Y otra ley de educación, eso no falla.

Así no hay quien sepa a qué atenerse.

5.4 Fin del electoralismo y de los personalismos

Caciquismos; obras faraónicas de alcaldes, presidentes provinciales o regionales y sátrapas variados; inauguraciones de obras rematadas aprisa y corriendo o sin terminar… Todas estas manifestaciones del electoralismo y del ego de nuestros gobernantes podrían empezar a terminarse gracias a la DDD.

Hay otras consecuencias del electoralismo menos vinculadas a las aureolas personales; por ejemplo, un problema importante en España es que se sobre-legisla, porque es fácil anunciar a bombo y platillo que se van a aprobar tales o cuales decretos, pero luego no se hacen cumplir esas leyes, lo que desgraciadamente apenas redunda en los votos.

Los problemas de electoralismo y cortoplazismo son, quizá, aún más difíciles de erradicar que la corrupción política. Son problemas intrínsecos del sistema de representantes. Y, puesto que la política se puede ejercer sin ser político (véase las asociaciones de consumidores, los sindicatos o los grupos de presión –lobbies–), pese a lo que dicen algunos “opinadores”, creo que el objetivo de lo que debería ser una nueva transición es dejar atrás todo un sistema de gobierno, el de los representantes políticos, para llegar a un gobierno del pueblo ejecutado por profesionales. Repito: esto NO es tecnocracia.


(Añadido el lunes 14 de abril, 2014)

6. ¿Cómo puede un partido político ser apolítico?

Entre las cosas que se están moviendo en la España actual hay al menos dos partidos (Partido de Internet y Partido X) que se presentan como apolíticos, sin programa político. ¿Qué sentido tiene? ¿Son de derechas, como casi todos los que se declaran apolíticos?

No. La cuestión es que esos dos partidos no son realmente partidos políticos, sino que son herramientas electorales para introducir la democracia digital directa en las cámaras de representación y así mejorar el sistema democrático. De hecho, la gente que integra esos “partidos” tiende a ser progresista, pero ellos dicen que entre sus filas hay de todo.

Yo veo bien que eviten desarrollar un programa político más allá de su principal cometido (ampliar y mejorar la democracia) porque es un objetivo transversal, ortogonal a la orientación ideológica, y tiene sentido intentar atraer votantes de todo el espectro ideológico.


Notas:

1 Más o menos como eso del neoliberalismo, que no es más que apropiarse del aspecto de respetabilidad que da la palabra “liberal” para ocultar la ley de la selva, el egoísmo voraz y una forma de “eugenesia por la economía” que ni siquiera persigue una verdadera selección social (que no natural) del talento (ni siquiera del financiero), sino que sólo persigue lo mismo que todo fascismo y conservadurismo (viejo o neo): proteger mi grupo, y los demás que se jodan (y, a ser posible, que me sirvan como esclavos).

2 La democracia líquida permite a cada ciudadano delegar el voto en un representante o grupo político con la salvedad de que dicho ciudadano puede recuperar su voto siempre que quiera. Es decir: si María García no vota una determinada propuesta por sí misma, en la práctica será como si votase por ella el representante político que ella haya determinado.

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