Angelopoulos y los gurripatos

Hace poco que ha muerto Theo Angelopoulos, y ya sé que no se debe hablar mal de los muertos, sobre todo los recientes. Lo que pasa es que su muerte me ha dado la ocasión de oír ilustres verborragias sobre su obra y milagros. Para empezar, me enteré de su muerte gracias a la hagiografía que le dedicaron en “Días de cine” (ver 55’46”).

Angelopoulos consiguió irritarme con sólo media hora de su película “La mirada de Ulises”. Y, lo que “Días de cine” me ha ayudado a ver es que su obra en general sigue más o menos los mismos derroteros y que lo que los especialistas valoran en él es justo lo que a mí me irrita. Esto está bien, porque no necesito ver más bodrios suyos para saber de qué va esto.

Y esto va de una radical artificialidad, expresada sobre todo de dos formas:

  1. Rechazo de la belleza de la naturaleza o del legado artístico (y ojo que estamos hablando de Grecia), lo que viene siendo feísmo, puesto que la mayoría de sus planos son rematadamente feos y eso, a los críticos más avezados, les “pone” tremendamente .
  2. Diálogos (o monólogos), situaciones y tramas de gran pretensión filosófica y poética, consiguiendo un gran hermetismo y acentuando, queriéndolo o no, la parte de “pretensión” muy por encima de la filosófica o la poética.

Como digo, los comentarios de los sesudos especialistas despejan todas mis dudas acerca de si estoy valorando a Angelopoulos justamente o no. De hecho, y esto es lo más importante, ellos son infinitamente más irritantes que el propio director y su cine.

La sección Mi secuencia favorita de “Días de cine” ese día también estuvo dedicada a Angelopoulos, y fue la secuencia favorita de Felipe Hernández Cava (véase 26’24”), que aparece como guionista de cómics, pero que también es crítico de arte y comisario de exposiciones (así que cuidadito). Su análisis de una secuencia de La eternidad y un día me alegró el día, de la risa que me dio. Las perlas de ese análisis:

  • Un plano de gran belleza plástica: 3 ciclistas con impermeables amarillos sobre fondo de noche cerrada, es decir, sencillamente negro. Bueno, dicen que para gustos hay colores, como por ejemplo, amarillo sobre negro. También hay otros planos de gran belleza: la ciudad de noche tras un cristal empañado, lo cual, bien mirado, tiene algo de impresionista, pero eso no evita que el señor listo se haya pasado muchos pueblos de largo.
  • Aparece una pareja que tiene problemas de comunicación, sobre lo que él sugiere (o más bien requiere) que deben “encontrar formas artísticas nuevas” (y, encima, que “sin eso es mejor no tener nada”). Y eso es una metáfora de la incomunicación: ¡cágate, lorito! Que digo yo que no me extraña, pero nada, que tengan problemas de comunicación. Deberían probar a hablar con franqueza, aunque sólo una vez, para variar, a ver qué pasa.
  • Tres músicos tocando en un autobús representan una celebración de la vida. Bueno, pues es poesía y tú te callas la boca, niño.
  • El atrevimiento analítico del señor tan listo que habla por la cámara llega quizá a su cenit cuando dice que lo más requetemagnífico es la interrogación del cineasta sobre cuál es … no, perdón: cuál ha de ser el papel del cine y del cineasta. Difícil ser más arrogante ni más papanatas.

Dijeron en “Días de cine” que a Theo Angelopoulos, a sus 61 años, le sentó mal que no le diesen la palma de Oro en Cannes por “La mirada de Ulises”. Si eso es verdad, hace falta ser arrogante e inmaduro. A sus 63 años “reflexionaba” en “La eternidad y un día” sobre la duración de la vida. Bueno, es una pregunta muy manida y que, según creo yo, o bien ya está respondida (tanto cinematográfica como psicológicamente, o sea, desde el punto de vista de la psique individual 1), o bien no tendrá respuesta nunca, sobre todo si uno se empeña en no escuchar las respuestas, y eso mola porque puede uno seguir haciendo filosofía barata ad nauseam, siempre con éxito de crítica. Además, su caso quedó muy claro: ¿cuánto dura el mañana? Pues mucho menos si no miras a los lados antes de cruzar la calle (Angelopoulos murió atropellado).

Cabe preguntarse si tanta reposada reflexión, como se dice en el panegírico emitido en La 2, no daba al menos para evitar tópicos tan sobados (y tan falsos) como el de Europa como “el viejo continente”2 y lo de la “cuna de la civilización occidental”, refiriéndose de Grecia 3. Además, estoy seguro de que si Angelopoulos hubiese sido albanés, sin ir más lejos (ya que Albania y sus gentes aparecen frecuentemente en sus películas), y hubiese rodado sus películas en albanés, los críticos no estarían hablando de las reflexiones sobre “el viejo continente” ni “la cuna de la civilización”. Cabría esperar que unos señores tan instruidos aportasen algo más que un hilvanado de tópicos.

Los de “Días de cine” no fueron los únicos sesudos de manual que cantaron loas de Angelopoulos: Tolentino, el señor listo que habla tan bajito que no sé ni cómo le dejan hacer radio, escribió una sentida reseña en su blog. Se detecta fácilmente a un pedante espantoso cuando ves que un tipo que va de tan listo no es capaz de evitar el insulto fácil e indiscriminado, y muy errado, al decir cosas como “director inaccesible para los que van a devorar palomitas a los megacines”. Se confirma la impresión cuando se comprueba que el muchacho dice “expoleada” en lugar de “espoleada”, especialmente cuando ya casi nadie pronuncia las x; sólo le falta decir Bilbado o bacalado.

Quizá el jurado de Cannes mencionado en el vídeo prefirió no sólo la marcha y el humor de Kusturica, sino su metáfora del comunismo en Yugoslavia, que era una metáfora muy ocurrente y lograda. ¿Acaso una metáfora hermética es necesariamente mejor que una metáfora comprensible por un amplio público? ¿Acaso es necesariamente mejor el cine sólo apto para ultra-aficionados y críticos profesionales que, invariable y tópicamente, nos insultan a quienes no nos gusta el nuevo traje del emperador?

No digo que Angelopoulos no tenga planos interesantes, hasta seductores, pero no parece que ese sea ni el tono general, ni putas ganas de que lo sea. Si tanto les ofende la obviedad de, por ejemplo, la belleza de muchos espacios naturales, pueden alegrarse de su destrucción y su transformación en espacios yermos como los que le gustaba retratar a Angelopoulos. Sin embargo, mira cómo se contentan con la belleza de la música de Eleni Karaindrou, que sí es obvia y sin la cual no se sustentarían esos largos planos. Que no me molesta que sean largos y lentos; lo que no me gusta es que sean tan feos y tan a posta, y que no vayan a ninguna parte… como las preguntas que se hace el director.

En principio, no hay en este antagonismo nada más profundo ni peor que una diferencia de gustos (insultos Tolentinianos aparte). Lo que pasa es que hace ya tiempo que buena parte de nuestra sociedad rechaza la cultura y el conocimiento y en cambio lo que mola es estar muy cerca de un analfabetismo funcional, con las consecuencias que eso traerá; y me pregunto en qué medida toda esta flagrante pedantería de ciertos críticos y artistas ha creado, o al menos ensanchado, la brecha que aparta a tanta gente de la cultura y el arte. Estos personajes deberían hacer examen de conciencia, pues la pedantería sólo es pose y vanidad, y quizá nos está costando mucho más cara de lo que podíamos suponer.

De hecho, el principal motivo para escribir este largo artículo es el deseo de ahorrarle la angustia a un joven que cree que lo suyo debe ser el cine de Bruce Willis o las de 007 ya que no traga los bodrios que recomiendan los críticos. Si alguien en esa situación lee esto: no les hagas ni caso; hay buen cine mucho más entretenido y mucho más bello, tanto en sus planteamientos como en su realización estética.

Los vanguardistas de peor estofa ya nos apartaron de la pintura, la escultura y la música, quedándosela para sí, para una pequeña élite cultural. El cine está pasando por el mismo proceso, así que bien está tenerlo presente.

A todo esto, ¿qué son los gurripatos del título? Pues son papanatas o papahuevos. Me enteré de tales sinónimos en un artículo de Carmen Posadas que me encontré casualmente cuando estaba mascando la irritación que dio lugar a este artículo en mi blog.
Esto sí que es pedantería cara: 800.000€ por poco más que una mancha de cal. Y así nos va.


Notas:

  1. Sobre la duración del mañana: no importa; lo que importa es lo que hagas con el día de hoy. Bueno, salvo que sufras un pánico irracional a la muerte. Además, el mañana no existe, sólo el presente.
  2. ¿Europa es el viejo continente? Pues sólo si lo comparamos con América, y eso ignorando las culturas precolombinas. Y tanto Asia como África son más viejas, tanto cultural como antropológicamente.
  3. Grecia es la cuna de la civilización occidental: ¿cuánto hace que no repasan esa idea? En todo caso, esa cuna no sería Grecia, sino el Mediterráneo, con Judea, Egipto, Roma y lo que me falte, unos antes y otros después sin que sea fácil establecer relaciones de herencia. A muchos se les llena la boca con el origen de la democracia; la palabra es griega, sí, pero la manera en que la entendemos nosotros pudo haber salido más del norte de Europa que del pútrido Mediterráneo. Creo yo que el resto de Europa tendrá bastante que decir en cuanto a la civilización occidental, ¿no?. Es algo, cuando menos, controvertido e irreductible a un simple cliché. En cuanto al tema heleno, si acaso valdría la siguiente metáfora: si nuestra cultura occidental fuese Caín (y cainitas lo somos), la Grecia clásica sería Abel.
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Una respuesta a Angelopoulos y los gurripatos

  1. jmndb dijo:

    Ayer, Abbas Kiarostami, un papahuevos parecido a Angelopoulos, dejó plantados a los de “El ojo crítico” porque tenía dolor de cabeza:
    http://www.rtve.es/alacarta/audios/el-ojo-critico/ojo-critico-insecto-del-da-vinci-bne-01-03-12/1337667/
    Creo yo que esto pasa por encumbrar a quien no tiene de verdad la talla que se le quiere dar, vistiéndoles con el nuevo traje del emperador. Quien con niños se acuesta, meado se levanta.

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