La revolución fácil

La [r]evolución que necesitamos en España (y me quedo cortísimo) en estos momentos se puede hacer ¿fácilmente? en tres cómodos plazos:

  1. recuperación del poder legislativo
  2. reforma del poder ejecutivo
  3. proceso constituyente, con un verdadero cambio de estado y de prioridades

Es más: se puede reducir a dos, incluyendo el punto 2º en el 3º.

Recuperación del poder legislativo para el pueblo

El primer punto es absolutamente imprescindible para proseguir al segundo, sea cual sea el segundo. Es decir: no hay camino transitable que queramos recorrer sin antes conseguir que el estado seamos todos, y eso empieza por tener poder de decisión.

Lo demás (boicots, consumo selectivo, cooperativas pequeñas y medianas, huelgas, manifestaciones y muchos etcéteras) son medidas paliativas, lo que no quiere decir que no haya que tomar tales medidas, pero hay que ser conscientes de que tienen un alcance muy limitado, son remedios para los síntomas, pero no curan la enfermedad.

El primer punto pasa por acercarse lo más posible a la democracia directa. Para eso, hay que mantenerse informado; ya sé que es un tópico, porque es casi la única “acción” que proponen los que hablan de cambio ante foros realmente grandes, como radio y TV, llegando a parecer un ejercicio de masoquismo, porque mantenerse informado de cómo nos roban y nos estafan y nos esclavizan, sin proponer una solución, alguna alternativa, no conduce a gran parte de la población a nada más que a la tragarse la rabia y a la depresión.

Pero me refiero a mantenerse informado sobre algo concreto y que ofrece una alternativa viable para cuando llegue la hora de votar: nuevos partidos políticos o agrupaciones que ponen seriamente el énfasis en la política colectiva. Son unos cuantos, así que se hace un poco difícil seguir todo el movimiento:

Reforma del poder ejecutivo. Separación efectiva de poderes

El objetivo de esa reforma es distinguir la política, que se debería ejercer desde el poder legislativo (y debería detentarla todo el pueblo), de la implementación o ejecución de esas políticas (poder ejecutivo). Ese poder ejecutivo, más que poder debiera entenderse meramente como una función administrativa, y debería ejercerla un grupo de funcionarios siguiendo la orientación política del poder legislativo y obedeciendo sus decisiones, sobre un sistema de total transparencia, con toda la información publicada, incluyendo:

  • Razones documentadas que justifiquen las decisiones que se tomen.
  • Notas de reuniones con quien sea: representantes sindicales o de lobbies, empresarios, embajadores y emisarios… En definitiva, que se conozca el contenido de cualquier reunión de carácter profesional que incluya a personal ejecutivo del gobierno.
  • Ingresos y gastos detallados. No sólo de las partidas presupuestarias, sino también los ingresos de los funcionarios, pero no sus gastos: eso es información personal y privada; los ingresos, por contra, no deben ser, no pueden ser información privada y secreta.

En definitiva, que se publique todo lo relacionado con el ejercicio del gobierno. Vamos, lo que viene siendo toda la transparencia que ahora nos falta.

Proceso constituyente

La última fase de la revolución sería re-escribir la constitución, entre todos, con aprobación de los artículos uno por uno, por mayorías ciudadanas, no parlamentarias. Este proceso puede incluir la parte de reforma de los poderes antes explicada; de hecho, y sin saber mucho del tema, probablemente aquella reforma (del poder ejecutivo) implica ésta (la constitucional).

Esto de “reformar la constitución” puede sonar a parches y tiritas, pero más que de una reforma hablo de una reescritura de cabo a rabo (por eso se usa la rimbombante expresión “proceso constituyente”), que puede ser tan profunda y extensa como queramos; sólo depende de la voluntad popular (insisto: una vez conseguido el poder legislativo popular).

Y, puestos a pedir, yo personalmente quiero un estado cooperativo.

Mi propuesta es que cese y se revierta esta fuga de riqueza de fondos públicos a manos privadas y que todos ganemos o perdamos a la vez, de forma conjunta, no unos a costa de otros; es decir, si el país se enriquece (o, más en general, si el país mejora), todos nos enriquecemos (o mejoramos); no necesariamente todos en la misma cantidad, o en la misma proporción, pero sí juntos. Y viceversa: si nos va mal, nos tiene que ir mal a todos, y todos a la vez debemos hacer el esfuerzo necesario (de entendimiento mutuo, de acuerdo y de trabajo) para mejorar.

Esto se puede conseguir, por ejemplo, asignando sueldos a todos los trabajadores del país como un porcentaje del PIB (o el indicador de la riqueza del país que mejor convenga). Cuando digo “a todos” quiero decir literalmente a todos: empleados y empresarios, jefes y curritos, nobles y plebeyos, labriegos y terratenientes.

Si estás pensando que lo que acabas de leer es absurdo (o ridículo, o imposible), que sepas que estoy de acuerdo… salvo que cambie radicalmente el contexto actual. Respecto a de qué manera debe cambiar el contexto, lo dejo para otra perorata.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Política y filosofía y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s