Herederos de la náusea

Hijos de la rabia y la resignación
Nietos de la náusea y la derrota
Robados por la cruz y la victoria,
huérfanos de redención.

Impulsados en pos de un porvenir cercenado
nos arroya el retroceso de nuestra historia
arrasando con toda virtud en su contra
nos aplasta con el peso de nuestro propio pasado
a esta tierra terrible, voraz y esquilmada,
y por su maldición nacemos con las alas cortadas.

La tierra muerta, yerma, quemada por la fanática ignorancia
la tierra encharcada de odio impotente y estúpida arrogancia
la tierra erizada de ladrillos y avaricia inagotable
de construcciones maltrechas que tanto nos cuestan y tan poco valen,
apenas viviendas, apenas hogares,
apenas pueden siquiera cimentarse
en la tierra removida por verdugos infames,
la tierra carcomida por tumbas sin nombre
y huesos silenciados por la podredumbre
de una esclavitud disfrazada de raigambre.

Los huesos inquietos maldicen la tierra
que, como Saturno, devora a sus hijos,
y todo lo que construimos sobre ella
resulta invariable e igualmente maldito.

La horrible digestión de sus propios hijos
agita el mal sueño que vela esta tierra
agrieta casas y pueblos y a nosotros mismos,
desgarrando una patria que es falsa leyenda.

Entre las grietas se pierden nuestras razones
y terminan allá donde los huesos,
esparcidos en todas direcciones,
desde las hogueras de los conversos.

Huesos hurtados a la memoria que no los puede olvidar,
siguen muriendo y denunciando una pía maldad,
restos que ignoramos para no saber ni recordar,
silenciando el diagnóstico que no queremos escuchar:
“muerto por la infamia, vivo por la náusea”.
Aquí yace el que fue nuestro futuro.
Y de estos huesos, ¿qué frutos nacerán?

Este texto es un esputo bilioso provocado por la visión de la película Silencio en la nieve, o más exactamente, por la visión de la película seguida del coloquio en el programa Versión española. No, hay que precisar más: es un exabrupto provocado por la acumulación de rabia y desencadenado por la mencionada película y posterior charla de sus protagonistas.

A pesar de ser un subproducto infeccioso de mi roja perfidia de mal español, está dedicado (con asépticas intenciones) a la ARMH.

También está dedicado (pero sin asepsia) a Rafael Hernando, a su jefe y correligionarios, y a las madres que los parió, con el deseo de que tan malas gentes que caminan y van apestando la tierra1 dejen de hacer tal cosa más pronto que tarde.

Hay ciertas cosas que, a día de hoy, un español medio no sabe (lo sé porque yo también lo ignoraba y me considero un español medio-bien informado), y el sólo hecho de esa ignorancia es una vergüenza nacional (si esta nación tuviese vergüenza):

  • Las estimaciones sobre desapariciones ordenadas, consentidas y promovidas por la cúpula militar sublevada (Franco y compañía, para los de la ESO) van de 140.0002 a 200.000 personas3; por comparación, las famosas (al menos, más que las españolas) desapariciones argentinas suman, probablemente, unas 22.000. De entre todas las comparaciones, esta es quizá de las más odiosas; ¿porqué la hago, entonces? porque me asombró descubrir, después de escandalizarme y lamentar las historias de las represiones chilena y argentina, que en mi propio país había sido mucho peor (sólo cuantitativamente, claro). Si Costa-Gavras hubiese hecho Missing ambientada en la post-guerra española, me hubiese enterado antes y mejor de la represión española, pero hay que darse cuenta de que la represión fascista española se institucionalizó ha institucionalizado (porque así sigue), constituyendo una penosa excepción entre los países actualmente democráticos.
    Hay otra comparación que circula por ahí acerca del segundo puesto de España en la lista de personas desaparecidas bajo un mismo régimen, sólo por detrás de Camboya. He estado buscando y no he encontrado cifras que den soporte a esa afirmación, sobre todo porque parece que faltan cifras de la URSS y China, que tienen todas las papeletas para ganar en cuando a números absolutos.
  • La cifra estimada de niños robados está en torno a los 30.000: evidentemente, Sor María no fue la única. En el caso de Argentina, que también conocí antes que el caso español, también en parte gracias al cine (La historia oficial4, por ejemplo), la cifra es de varios cientos, probablemente en torno a 500; claro que, 40 años dan para sacar mucho trabajo adelante.

Más lectura, en prosa y esclarecedora:
La voz de los huesos
Necesitamos un gobierno de izquierdas


1. Del poema He andado muchos caminos de Antonio Machado. Atrás

2. Informe del Grupo de Trabajo de la ONU sobre las Desapariciones Forzadas o Involuntarias. Adición: Misión a España. Atrás

3. España, el país de los 200.000 desaparecidos. Atrás

4. Como tonta curiosidad, comentar que se trata de la misma pareja de actores, con edades y roles muy distintos, que en El hijo de la novia.Atrás

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Una respuesta a Herederos de la náusea

  1. José Félix Menéndez dijo:

    Excelente trabajo. Qué otra cosa puede sentir un español medianamente decente y medianamente informado…

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